20 de Septiembre, 2008 1 de julio, 2006 --> Nadie es lo suficientemente buenoAceptando La Palabra De Dios -->Lectura: 1 Timoteo 1:12-17 Un amigo me contó recientemente acerca de una madre joven que estaba tratando de explicarle la muerte de su padre a su hijita de cuatro años. La niña se preguntaba dónde estaría el abuelo. «Estoy segura de que está en el cielo -respondió la madre-, porque él era muy bueno». La niña respondió con tristeza, «Supongo que yo no iré al cielo». «¿Por qué no?» le preguntó su madre sorprendida. «Porque yo no soy muy buena». La historia me entristeció, así como me entristece saber de otros que creen que deben ser muy buenos para entrar al cielo, y más todavía cuando todos sabemos en lo más profundo de nuestro corazón que no somos muy buenos en absoluto.Tal vez, al igual que esta niñita, estés pensando en tus pecados y preguntándote: «¿Qué debo hacer para entrar en el cielo?» La respuesta ya nos ha sido dada: Jesús, por medio de Su muerte, ha pagado la totalidad del precio de tus pecados, sin importar cuán sórdidos, escabrosos o vergonzosos puedan ser éstos. Tu salvación es gratis.Dios promete: «Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana» (Isaías 1:18). John Donne escribe:Oh, lávate en la sangre de Cristo, la cual tiene este poderQue, siendo roja, tiñe las almas rojas de blanco.Nadie es lo suficientemente bueno para entrar al cielo. La vida eterna es un regalo. Recibe a Jesús por fe. -DHRMuchos verdaderos creyentes en Cristo están plagados de dudas en cuanto a su salvación. Aunque han venido a Cristo en arrependimiento y con fe, todavía se preguntan, «¿Realmente iré al cielo?»
Mi difunto esposo Bill a menudo contaba acerca de algo que le sucedió cuando tenía dos años. Un día, desobedientemente vagó de su casa y se perdió. Cuando sus padres se dieron cuenta que no estaba, salieron a buscarlo. Finalmente, para el inmenso alivio de todos, vieron a su niño lloroso y lo llevaron de vuelta seguramente a casa.
Días después, Billy escuchó a su madre contarle el incidente a un visitante. Cuando llegó a la parte cuando salieron a buscarlo, Billy comenzó a revivir la historia. «¡Mamá, mamá!» sollozó. «¿Y me encontraron?» Sorprendida y profundamente conmovida por la duda de su niño, lo abrazó y dijo, «¡Por supuesto mi hijito! ¿No te acuerdas de aquel feliz momento? Mira, ahora estás con nosotros, y nos aseguraremos de que siempre lo estés». Eso consoló a Billy, porque aceptó la palabra de su madre.
La carta de 1 Juan en el Nuevo Testamento fue escrita para darles a los creyentes la seguridad de la salvación. Dicha seguridad puede ser tuya cuando le tomas la palabra a Dios. —JEY
-->Nadie es lo suficientemente bueno para salvarse a sí mismo; nadie es tan malo que Dios no le pueda salvar.